Cuatro siglos en cuarenta metros PDF Imprimir E-mail

El remodelado Archivo de los Padres Benedictinos guarda ahora en instalaciones más apropiadas piezas datadas hace más de trescientos años.

    * Imagen de 'El impossible vencido', de Aita Larramendi.

Cuatro siglos en cuarenta metros. Desde una Astronomía moderna del siglo XVIII, un ejemplar impreso en Lyon del Diccionario Calepino expurgado por la Santa Inquisición en el año 1586 o los libros del que fuera ministro de Finanzas de Luis XVI, el suizo Jacques Necker, hasta panfletos de las últimas campañas electorales en Euskadi, con carteles de PNV, PSE o la izquierda abertzale.

El archivo de los Padres Benedictinos, con su biblioteca y hemeroteca, cuya ampliación se inauguró ayer en Lazkao, cuenta con todo tipo de obras en euskera o de temática vasca, impresas en casi cualquier parte del mundo.

Entre ellas destaca hoy uno en especial. Los eruditos de la época, hablamos del siglo XVIII, decían que era "imposible" que un idioma como el bascuenze tuviera un corpus gramatical. Hoy, muchos años después del comienzo de aquella centuria, se celebra el Día del Euskera.

No solo en trescientos años ha conseguido tener definida y ordenada su gramática, sino que el idioma no ha desaparecido como algunos vaticinaban. Editado en Salamanca en 1729 por Antonio Josef Villagordo Alcaráz, Agirre guarda en su biblioteca uno de los primeros ejemplares imprimidos de El impossible vencido.

Porque sumergirse en el archivo y en la biblioteca de la mano de este benedictino es estar dispuesto a encontrarse aquella edición de 1729 del libro que escribió Aita Larramendi.

O, ya en el archivo, cajas con la colección completa de los documentos (también sonoros) que los agentes políticos sembraron en Euskadi con motivo del referéndum para la Ley de la Reforma Política. Aquella fue una ley para acabar con las leyes del franquismo sin que hubiera una ruptura y, como recuerda Agirre en la entrevista, "fue tremendo".

Un susto
La operación policial
Otro momento que podría ser "tremendo", en el que el Archivo -de donde han bebido más de treinta tesis doctorales- estuvo en duda, fue cuando una operación policial en 2005 acabó con el benedictino declarando en la Audiencia Nacional de Madrid.

"¿Me ves? ¿A que no soy tan malo como parecía cuando salí en la tele?", pregunta Agirre al recordar aquel episodio. "Vinieron aquí y llamaron, tal y como has venido tú. ¿Qué pasa? Les pregunté. Tac (imita el gesto de enseñar la placa policial). "Policía. Está usted detenido por orden del juez Garzón", me dijeron. Registraron y me llevaron a Madrid. De golpe me quedé casi sin respiración".

Lejos de ese episodio ya, lo que ahora le da aire al Archivo es la ampliación. "El sitio es muy grande, muy moderno y es de agradecer la solidaridad de la Diputación".

El propio benedictino pone en valor el acuerdo adoptado con el anterior Gobierno foral. "Ahora, con la crisis, hubiera sido imposible hacer". Imposible recorrer esos cuatro siglos en cuarenta metros.

 

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