Se acelera la cuenta regresiva para hallar remedio al cambio climático PDF Imprimir E-mail

El 19 de diciembre, en Copenhague, todos los países integrantes de ONU participarán de una reunión decisiva en torno al problema del cambio climático, ese flagelo que hoy amenaza a los habitantes de la Tierra.

La idea es sustituir el casi fracasado Protocolo de Kyoto por uno nuevo, que efectivamente obligue a los Estados a reducir las emisiones de gases carbónicos y que haga comprender a los países ricos la necesidad de apoyar decisivamente el desarrollo de los del tercer mundo en condiciones menos agresivas para el planeta. Los países pobres nada contribuyeron a la enorme contaminación que produjo el desarrollo industrial del Norte.

Sin embargo, hoy pagan en sus economías las peores consecuencias del cambio climático. Previa a Copenhague, se realiza en Barcelona la última reunión preparatoria. Y los resultados no son como para alentar las mejores expectativas. Cuatro mil delegados de 181 países mantienen en Barcelona una reunión crucial sobre el tema del cambio climático. Se trata del último de los encuentros internacionales preparatorios de la cumbre de Copenhague, que debe comenzar el 19 de diciembre y tiene la misión de establecer las nuevas acciones internacionales contra el principal desafío ambiental que amenaza a todo el planeta. Lo que se resuelva en Copenhague sustituirá al Protocolo de Kyoto, un intento no demasiado exitoso de coordinar todos los esfuerzos de los Estados en una misión de la que puede depender el bienestar de las futuras generaciones. Y para iniciar lo que será un difícil combate a cambios que ya provocan inmensos daños, según les consta a uruguayos perseguidos desde hace años por sequías con devastadoras consecuencias económicas.

Queda por delante muy poco tiempo y las deliberaciones en la capital catalana no permiten echar las campanas al vuelo, en tanto aparece como vidriosa la posibilidad de lograr resultados verdaderamente importantes en los dos temas centrales: la reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero y las compensaciones del mundo rico hacia los países subdesarrollados, que prácticamente nada sumaron a una contaminación que tuvo su origen en el desarrollo industrial y ahora padecen las peores consecuencias del cambio climático, con economías que aún son de base rural y dependen en buena medida de circunstancias climáticas favorables.
Al enfocar este tema, siempre parece oportuno un repaso de las interpretaciones científicas del fenómeno. En los últimos decenios, la temperatura del planeta ha registrado un alza de alguna significación que hoy se advierte en la reducción de los casquetes polares, la disminución de glaciares y campos de nieve y un moderado aumento del nivel del mar. Estos sucesos se han interpretado como la consecuencia de la acumulación en la atmósfera de gases carbónicos provenientes de la actividad industrial, de la generación térmica de energía eléctrica, de la quema de carbón y del uso de motores de explosión interna, como los que hoy movilizan el transporte. Además, la generalizada deforestación, que prácticamente ha eliminado grandes superficies de bosques en el hemisferio Norte y que también avanza en países del Sur, ha limitado la absorción de esos gases por parte de la vegetación, hecho que agrava el problema.
Siempre según las explicaciones científicas más aceptadas, la difusión de estos gases en la atmósfera afectó los mecanismos a través de los cuales se mantenía estable el calor recibido en el planeta de la radiación solar. Porque los gases acumulados retienen en la atmósfera la radiación solar reflejada, que anteriormente se difundía sin trabas en el espacio, en un efecto de conservación del calor asimilable al de los invernaderos utilizados para realizar cultivos en épocas frías. El efecto invernadero sería entonces el gran villano a combatir. Y el procedimiento posible, la disminución drástica de las emisiones de este tipo de gases, una empresa más que ardua en un mundo que tiende a derrochar, en los países ricos, inmensas cantidades de energía.

En el intento de Kyoto, los dos países responsables por los principales volúmenes de contaminación, EE.UU. y China, no aceptaron la imposición de metas vinculantes en materia de contaminación. El gran cambio, para la reunión de Copenhague, es que Barack Obama aparece como mucho más sensible al problema que su antecesor, lo que alienta la esperanza de una actitud más favorable que sería también compartida por China. La Unión Europea se manifiesta pronta a intentar una reducción de entre 20% y 40% de sus propias emisiones, pero ello supone costos en todos los terrenos, hecho que mantendrá alertas a los negociadores europeos para el caso de que otros compromisos sean asimétricos y puedan significar luego una desventaja competitiva. La posición europea apunta a decisiones vinculantes y porcentajes iguales de reducción de emisiones, algo que en estos días no puede darse como asegurado.
Además, el camino hacia el desarrollo de los países del tercer mundo es un factor de potencial multiplicación de las emisiones. No puede ser, por ejemplo, que países que quemaron o cortaron todos sus grandes bosques ahora clamen por la protección de las selvas del Sur. Con justicia, se señala que esto es algo que los países desarrollados debieran pagar a los más desfavorecidos, que no alimentaron la contaminación de hoy pero que sufren muy especialmente los desastres climáticos de los últimos tiempos.

De allí que el otro tema central sea el del apoyo a los países de bajo desarrollo relativo para que alcancen sus metas de industrialización sin provocar un impacto ambiental de la misma importancia. Y esto cuesta dinero -mucho dinero- que debieran pagar los países desarrollados. Ya los delegados de África protestaron en Barcelona porque entienden que los niveles manejados de fondos compensatorios son claramente insuficientes.

Por último, debe recordarse que la gran meta que hoy se plantea la población mundial es mantener el calentamiento global no más allá de dos grados por encima de los valores de 1990. Se piensa que por encima de este valor, las consecuencias serán aún más catastróficas. Pero no se habla todavía de reducir el calentamiento, sino de prevenir su aumento. Señal de que será bien difícil dejarles a las nuevas generaciones un mundo parecido al que disfrutaron quienes hoy ocupan un lugar sobre la Tierra.

 

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