Bolivia se queda sin nieve PDF Imprimir E-mail

 El calentamiento global mató al Chacaltaya, un imponente nevado boliviano.
Chacaltaya, el nevado en los Andes de Bolivia que con sus 5.300 metros de altitud era de ser la pista de esquí más alta del mundo, ha muerto por efecto del calentamiento global, y hoy sólo es un cerro rocoso con una pequeña franja de nieve.

La montaña, que a principios de los 60 tenía una extensión de nieve de 1,6 kilómetros cuadrados es un punto vital en la ruta turística de la Cordillera Real de los Andes e incluso una vía de ingreso a la Amazonía, ahora sólo tiene una pequeña porción de nieve de unos 50 metros cuadrados.
"Es un nevado muerto, ha desaparecido la nieve", dijo el ingeniero Edson Ramírez, miembro de la Dirección de Ciencia y Tecnología.

"El problema es el calentamiento global", agregó Ramírez, al referirse al aumento de la temperatura en el planeta, por efecto de la emisión de gases, como el dióxido de carbono, producidos principalmente por las naciones industrializadas.

Un estudio del Instituto de Hidráulica e Hidrología de la UMSA, pronosticó hace ocho años que la nieve desaparecería de Chacaltaya hacia 2015, pero las estimaciones quedaron cortas: el calentamiento no perdonó el majestuoso nevado.

El nevado era sede habitual de competiciones deportivas, por su cercanía con La Paz y por una falda apta para los descensos a grandes velocidades.

"Teníamos grandes competencias, con esquiadores de Argentina y Chile en la década de los 40", relató el veterano andinista boliviano Alfredo Martínez.
"Lo que queda en Chacaltaya es una pequeña base hielo, que está desapareciendo y no va a durar más que un año", dice Martínez, mientras pone un trozo de hielo sobre una piedra y lo ve fundirse. "Antes la piedra estaba tan fría que la nieve se conservaba. Ahora desaparece en segundos".

Según los especialistas la mayoría de glaciares tropicales en los Andes están condenados a desaparecer a medio plazo por causa del calentamiento climático.

En Bolivia está situación es más preocupante aún, pues los glaciares son fuente de aprovisionamiento de agua de las poblaciones. En el caso de Chacaltaya y el Huayna Potosí, nutren a las ciudades de La Paz y su vecina de El Alto, pero la desaparición de la manta blanca afectó este servicio.

Según un informe de la ONG Oxfam, difundido la semana pasada, entre 1975 y 2006 los glaciares en la Cordillera Real perdieron más del 40% de su volumen. Esto pone en peligro el suministro de agua para los campesinos de los Andes, y de agua y electricidad para ciudades como La Paz y El Alto.

En una reciente negociación bajo la égida de la ONU en Barcelona, Bolivia denunció ser víctima de "crímenes climáticos" por parte de los países desarrollados y pidió compensaciones por ello.

 

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